El mundo desde arriba III

Unai April 30th, 2009

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Parecía no haber despertado de la siesta. Tras acumular energía con un buen plato de pasta con atún nos pusimos otra vez a caminar. Mi compañera había sucumbido a la altura y decidía regresar. Nuestro guía se fue con ella y definitivamente me uni al grupo de euskaldunas. Si seguía habiendo jamón seguro que no habría ningun problema. En esas comidas que improvisabamos a mitad del día los sherpas paraban a nuestro lado como quien no quiere la cosa para ver si podían picotear. ¡Qué listos que son! Con éstos encantados, con los que había que tener cuidado era con los cuervos, que no tardaban en oler el equipaje. Estos deben ser los únicos animales que se ven por las cimas más altas. ¿Habrá jamón por allí arriba? Si hay jamón hay cerdos…

De Gokyo había que llegar hasta el otro objetivo: Kala Pathar. 5.550 metros y otra vez el Chomolugma enfrente, esta vez mucho más cerca y con el Pumo Ri detrás. De camino estaba el Chola Pass, un coyado a más de 5.000 metros muy exigente en el que prácticamente había que escalar las piedras heladas. En fila y despacito fuimos ayudándonos unos a otros hasta llegar al paso donde una cascada y una arista de nieve virgen marcaban la bajada al siguiente valle. Aquí fue la única vez que tuvimos que caminar a paso blanco. El amplio valle posterior recordaba a los Pirineos.

Un día antes, lo de la tarde te volvía a dejar sin palabras. Por su belleza y por lo inesperado que es encontarte allí, en el Himalaya, arena blanca de tonos grisaceos de los mejores mares. Estábamos cruzando el glaciar que habíamos visto desde la cima. ¡Qué maravilla! Por su condición de río en movimiento está cubierto de piedras que caen constantemente de las faldas de las montañas. Debajo de éstas el hielo milenario formando paredes y lagos que junto a las rocas congeladas te llevan a la Antártida. El gris del cielo y la arena bien podría también acercarte a la luna.

En tres días por valle abierto llegamos a Gorak Sheep, el último refugio antes del campamento base. Fue gracioso como un grupo de australianos, ingleses y kiwis batían en ese mismo momento un record del mundo de partido de cricket jugado a más altura (5.175). Aunque no deja de ser una anécdota, como otros records, algún mérito tiene. ¡La pena es que no me sabía las reglas! Para cuando me enteré ya era demasiado tarde. Ya estaban hechas todas las carreras necesarias. Record consumado y caritas pálidas del cansancio. La tarde llena de tranquilidad e hidratación.

¡ZORIONAK AITA! Era nuestro día. Él cumplia años, yo cumplía un sueño. Miré por la ventana aún con los ojos cerrados y todavía oscuro había estrellas. Salí y vi la luna flriteando con el Everest, justo encima del Nuptse (7861). El desayuno lo dejábamos para la vuelta, unas chocolatinas serían suficientes. Así con el equipaje justo para compensar el frío y el esfuerzo comenzamos frontal en la frente a caminar. La subida no requería técnica alguna pero sí tener que parar cada poco tiempo a dar unas bocanadas extras de aire. El cuerpo estaba necesitado de él. En el horizonte se veían los primeros rayos de sol iluminar el Ama Dablam, uno de los picos más carácterísticos de la zona y por el cual suspiran la mayoría de sherpas. Tenía forma de trono, posiblemente utilizado en momentos invisibles por algún dios de los allí presentes.

A nuestra espalda, directos a la cumbre, pedía atención el Everest. Éste también quería parte de protagonismo. Los últimos 300 metros sirvieron para probarme. Ya no había que regular, mi pequeño record estaba allí (5.550 metros) y quería ver cómo el cuerpo respondía a pleno rendimiento. A la cima la extenuación y la emoción se debatían en un equilbrio perfecto en el que el gran beneficiado era yo. Nunca olvidaré esta experiencia, la cual me gustaría ir superando sin tiempo en el horizonte pero con una ilusión no tan real, que aunque sea en sueños, algún día me llevará a esa cima que poco a poco se iba dorando con el sol. La pirámide casi negra del lado sur abrazaba las nubes y en silencio contaba la historia de todos esos valientes que lo habían al menos intentado. Cada uno tenía sus anécdotas pero todos una ambición común: ver el mundo desde arriba.

Desde mi cojín

Unai April 28th, 2009

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Tres días antes de comenzar el trekking, cenando en Thamel, el barrio turístico de Katmandú, observé a un montañero cenando solo en una mesa. O era euskaldun o era vasco. Y efectivamente era “from Basque Country”. En una de las pocas veces que he podido hablar euskara en este viaje me comentó que unos amigos venían en dos días y volarían a Lukla un día antes que nosotros. Se llamaba Iñaki.

Una vez en Lukla esa expedición nos sacaba un día de ventaja, les habíamos perdido la pista. Ese mismo día, ya en marcha, vi a un grupo grande que lo mismo. O eran euskaldunes o eran vascos. Y efectivamente eran “from Pamplona”. Segunda vez en tres días que hablaba euskara. Casualidades de la vida había una pareja de donostiarras perdida en el grupo, osabas de Erika, Laxia y Eluska, con las que desde enano he compartido muchas horas de nieve. En las montañas me acuerdo de ellas. ¡Nos conocíamos! Jaja. Allá donde hay un monte hay un euskaldun, ya me lo decía un catalán montañero que conocí camino de la cordillera del Caucaso, en pleno transiberiano.

El parque nacional de Sagarmath (Everest en nepalí) mas bien parece un campo de refugiados vascos en el exilio, muchos de los cuales han alcanzado sus cimas y otros con no tanta fortuna han dejado sus vidas en su lugar de ensueño. Un país que también acoge a tibetanos, birmanos y butanos.

Todos teníamos la misma ruta. Con el grupo de Iruña coincidimos prácticamente todos los días. Alguno de ellos valía mucho la pena y compartimos momentos muy sinceros. A los pocos días perdía a mi camarada. En cuanto llegamos a los 5.000 metros, Lilou, la francesa con la que compartí las primeras zancadas, tocó fondo. Su físico le impidió avanzar y tuvo que volver hacia atrás. Con ella se fue nuestro guía, por lo que me quedé solo con mis 13 kilitos a la espalda. No podía abandonar. Para esas fechas compartíamos ruta también con el grupo de Iñaki, el cual no puso ninguna pega a que me uniera a ellos, más bien todo lo contrario. Y con ellos conviví en la montaña, de ellos me acuerdo cuando pienso en esos picos y a ellos tengo que agradecer gran parte de mis sentimientos. Iñaki, con muchas expediciones a sus espaldas y cabeza muy fría, Tomas, amante del Adarra, monte que subía unas 200 veces al ano, Joxe Ramón, un loco de los Pirineos y único euskaldun fabricante de aizkoras (hachas) artesanas y Josean, vecino desconocido y emocionado como yo en las cumbres. Gente de monte, gente en paz consigo mismo.

Para el mediodía normalmente llegábamos al destino. El tiempo era muy previsivo y para esa hora se cerraban los valles. Contra más alto mas frió y en peores condiciones. El plan pasaba por sentarnos en la sala común y pasar las horas observando, hablando, aprendiendo, escribiendo, leyendo, meditando, etc. Todo ello con una tranquilidad absoluta que el lugar ofrecía. A las siete llegaba la cena y una hora mas tarde tocaba el ritual de ir a la cama.

La sala común solía tener asientos por todo alrededor. Si te tocaba la ventana atrás la habías liado, por todas entraba aire y a tanta altura por debajo de cero grados. Cada uno con su botella de agua para facilitar la aclimatación, la cual obligaba a sacar el pajarito a pasear cada poco tiempo. A la noche era aguantar o salir a la intemperie. ¡Que frío! En medio, una calefacción necesitada de combustible, que ante la ausencia de madera era reemplazada por moñigos de Yak. Ahí venían cada poco tiempo a rellenar el fuego de mierda. El Yak es el animal mas carismático del Himalaya.  Se utiliza para llevar la carga en temperaturas extremas, es parecido a un búfalo, algo más pequeño, su mancha blanca en la cara parece una máscara que contrasta con su largo pelo negro y tienes unos cuernos imponentes.

Allí el olor era muy característico. A veces bastante desagradable. Jaja. Salvo en un río con sol no volví a ver la pastilla de jabón y la media no andaría muy lejos. Aunque algunos aventajados llevaban toallitas de bebé. Los occidentales intentábamos utilizar calcetines aunque no olieran tan bien, pero los sherpas tienen como costumbre descalzarse nada más llegar, por lo que aportaban también su granito de arena al ambiente.

La cena te sorprendía siempre. Acertaban en lo que habías pedido pero los sabores variaban de refugio a refugio. La gente por lo general no arriesgaba.

Después de todo esto había que ir a la cama. Ya no quedaba más caca en la sala. Las noches se hacían largas a tanta altura. Hasta las doce se dormía bien, a partir de ahí quedaban cuatro o cinco horas con frío y ganas de mear. Los primeros rayos de luz eran la mayor esperanza.

Dependiendo de las mantas que nos daban tardaba más o menos en meterme a la cama. Había que emplear tiempo. Parecía que la expedición comenzaba. Malla interior, pantalón, calcetines finos, calcetines gordos de lana de Yak, cazadora de noche, gorro y guantes. Eso solo cuando hacía mucho frío, vamos casi siempre.

Así pasaban horas y horas en las que en ningún momento me aburrí. Contra más tiempo pasaba, mas atento estaba y mas aumentaba mi consciencia. Allí, en las montañas conseguí llegar un poco más al tesoro que esta en el interior de cada uno de nosotros. Simplemente viviendo el presente.

El mundo desde arriba II

Unai April 20th, 2009

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Superados los 3.5000 metros la altura empezaba a ser una amenaza. Para luchar contra ella había que beber mucha agua, mearla toda, no comer barritas de chocolate (ni caso), mantenerte caliente (¡Las opciones eran escasas! Jaja), no subir más de 400 metros al día y comer todo lo neceasario, lo cual no suponía ningún problema. Las sobras sabían ya el camino y venían directamente hacia a mí. Me sorprendí como regulé en todo momento un ritmo lento que el subconsciente me pedía, aún pudiendo ir más rápido. La gente iba cayendo; mareos, dolores de cabeza e imposibilidad de conciliar el sueño. A la noche el solo voltearte en la cama te cortaba algunos minutos la respiración. Ahora me rio de unas caras que en su momento eran dramáticas y es que el bajón no es ninguna tontería. La gente sacaba fuerzas para alabar por alcanzar las cumbres.

Estábamos ante uno de los días esperados, uno de esos que da valor al camino trazado. El clima parecía que nos ayudaba. A las 4:00 abrí el ojo y vi desde mi ventana de piedra como el sol doraba al frente la cima del Cho Oyu (8.201). Una imagen que esos días se había convertido en habitual pero que ahora ya lejos de allí se echa mucho de menos.

Como todos los días en el desayuno reinaba la calma. Por mi parte un crep con miel y plátano junto a un chocolate caliente para olvidar el frío de la noche. Una hora más tarde comenzaba la subida a Gokyo Ri de gran desnivel. Exigía un ritmo lento para llegar a los 5.357 metros. Según subiamos la niebla iba quedando atrás con el glaciar cubierto y contrastando con el espejo que aparentaba el lago y las montañas libres detrás. Parecía aún así que ésta también subía, más rápido que nosotros por cierto, hasta que el sol con sus primeros rayos le puso a raya. A mitad de camino ya se veía enfrente el gran Chomolungma o Everest que en tibetano significa Diosa Madre de la tierra. De ahí a la cima los zic zacs nos ahorraban el desnivel y la bandera que ya se veía mostraba el objetivo más cerca.

Lo de allí arriba era simplemente espectacular. Se me ponen los pelos de punta cada vez que lo escenifico en la cabeza. La niebla abajo daba si cabe mayor dimensión a esa marea de montes de 360º. Destacaban los 8 miles. El Cho Oyu (8.201) a la izquierda, El Everest (8.848) enfrente, el Lhotse (8.516 ) pegado a él y la forma piramidal del Makalu (8.463) más a la derecha. Los demás aunque perdían altura ganaban en harmonía. Mis sentimientos estaban en su plena expresión, era una fusión plena con mi interior y en consecuencia con el Universo. Me acordé de mi familia y alguna otra persona clave en que yo pudiera estar allí. Mi mente estaba anclada en el tiempo.

Tras la primera explosión, más relajados, mis camaradas homenajearon la ascensión. Jabuguito y un poco de chorizo. ¡Qué manjar! Aunque parecía la situación perfecta aún quedaba una sorpresa.

En el descenso, rezagado, paré a disfrutar también de la soledad. La niebla se iba evaporando mostrando el azul turquesa del lago. El desnivel hacía que desapareciera el camino, dejándolo a libre interpretación. Parecía que alguien lo había eliminado creando un precipicio de caída libre. Avanzando, el camino volvía y así pudimos regesar al refugio y con la mente todavía arriba echamos una buena siesta antes de comer.

El mundo desde arriba

Unai April 15th, 2009

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Los preparativos no pudieron ir mejor. Si las ganas a “volar” no eran suficientes, a éstas se les unió la visita de David, una de mis referencas en Viena. Por trabajo visitaba Delhi y como si de dos paradas se tratara, me visitó en Kathmandu, reconfirmando nuestra amistad. El valle ya lo conocía para un fin de semana así que la actividad, junto a la San Miguel, fue intensa.

El mapa de las montañas, los recuerdos juntos, el equipo, nuestras valoraciones, el optimismo y la sinceridad me dieron alas para llegar a Lukla.

Domingo a la mañana, puntual, allí estaba. Con cuatro horas de retraso por fin pisabamos la pista del aeropuerto. ¡Qué de sensaciones y qué caos! A lo lejos aterrizaba el avión que venía en nuestra búsqueda. Todos esperábamos allí, azafatas, controladores aéreos, autobuses, montañeros, etc. Todo muy de andar por casa, exactamente donde mejor me manejo. Sacaban del avión de hélices sus asientos al medio de la pista para hacer hueco a las mochilas y a los alimentos que una vez en Lukla serían transportados por los admirables sherpas hasta su destino final, montaña arriba. Las azafatas también con faldas de colores vivos de la tribu. Se tiende a pensar que los Sherpas son los porteadores del Himalaya y no es del todo cierto. Más que esto, es una tribu en la que los hombres sa han ganado la vida porteando las mochilas y guiando a los occidenals en sus terrenos. A mi lado ya en primera fila del avión con capacidad para 15 personas se sentaba uno de estos. Ojos rasgados profundamnte tranquilos, pelo largo, moreno y físicamente un toro parecía sacado de ua película de coraje. Se enfrentaba a su octavo ascenso al Everest, esta vez con una expedición de la armada India. ¡Máximo respeto!

Ya en la pista de despegue nos disponíamos a realizar un trayecto considerado el vuelo comercial más peligroso que existe. El trayecto, paralelo a los Himalayas, se mete en un valle a su llegada en el que la niebla y el viento amenazan constanteme. Aún así los pilotos leyendo el periódico olvidaban cualquier miedo. Yo también. Con el rugir de los motores llegó la decepción. El bajón fue tremendo. El piloto mirando hacia atrás cruzó los brazos y dijo: “Lukla closed”. La niebla había hecho su trabajo y nos olvidábamos de volar. Lo volveríamos a intentar mañana. Lo malo no era perder un día sino la incertiumbre de si el clima y el caos del aeropuerto permitirían volar al día siguiente.

Por suerte todo se solucionó. La espera había merecido la pena. A los 30 minutos, el avión pareció perder estabilidad, estabamos en el valle. Por la ventanilla, junto a las hélices, se veían los montes muy cerca y por encima, a través de la luna delantera estaba la pista de aterrizaje. Cortísima y entre casas. Necesitabamos un buen piloto y así fue. El comienzo de la pista caía al vacío y al final había un muro. Al aterrizar la pista iba hacia arriba para que diera tiempo a frenar y cuando se llegaba irremediablemente al muro giró a la derecha como si de una bicicleta se tartara. ¡Ya estábamos! Lo primero que me llamó la atención fue el aire puro que limpiaba los pulmones rodeados de altura.

Así lo recoge youtube: http://www.youtube.com/watch?v=Rq_S_vAsiuo

La vuelta más de lo mismo.

De la emoción abracé al primer sherpa que se me puso en el camino. No sé qué pensaría. El plan era ir avanzando sin guía ni porteador e ir viendo la dificultad y nuestra condición. Los primeros días el terreno era exigente cambiando a menudo de valle, pero llevadero ya que la altura a 3.000 metros aún respetaba el coger aire. En el primer hostal, los refugios llegarían más tarde, intercambié momentos con una refugiada tibetana que vendía pulseras. Le di algo de fruta y un croissant y ella me correspondió con unas pulseras de hueso de Yak. Durante todo el trayecto el contacto con los nativos, en su mayoría sherpas, no fue como yo esperaba. Animicamente me sentía pletórico y convencido de dar pero el ambiente a mi modo de ver se relacionaba más con el mundo económico que con el corazón. Por supuesto hubo excepciones y disfruté de momentos agradables con alguna de su gente pero aún así costaba sacar las sonrisas de los niños si no iban acompañadas de algo más.

Los primeros pueblos estaban conectados por caminos de piedra y símbolos budistas en sus templos, pagodas y rocas. Sólo ese paisaje ya compensaba el viaje. Valles entre paredes con un río azul turquesa y puentes colgantes para cruzarlo. A lo lejos ya se veían las montañas más altas, por detrás de los pinos que rellenaban el paisaje. Éste me recordaba a las descripciones que Chris Mc Candles hacía de la tierra en la que encontró su plenitud en el libro Into the Wild: Alaska.

Otra de las maravillas

Unai April 1st, 2009

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Entre las nubes nos despedíamos de Nepal, yo por unos días. Los Himalayas quisieron estar presentes en toda su grandeza. ¡Si Dios existe, os aseguro que esta allí! ¿Habiamos vueto a la India? Lo veía todo con otros ojos. Parecía estar en un país desarrollado y civilizado después de casi tres semanas en Nepal. Todo nos parecía mucho mejor de lo que realmente era. El aeropuerto como cualquier otro occidental, autopistas, coches privados nuevísimos, calles tranquilas (era de noche) y la gente de los negocios para reservar el billete a Agra del día siguiente muy sincera y dispuesta a ayudar. Así cenamos en un restaurante típico indio para volver a la salsa masala de especias y en el callejon que más tarde sacaría de lo más dentro de mi mis dotes musicales, me encontré con Encarna, amiga con la que compartí un mes clave en este viaje para aumentar la conciencia. Ella estaba de bajón tras dejar el sur y nosotros en una burbuja.

Todo cambió al día siguiente. Despertamos de golpe. El autobus en el que nos metieron dirección al Tach Mahal era infinitamente peor de lo prometido y el trayecto tardó el doble también de lo prometido. Niegan hasta la evidencia con tal de ganar un dólar mostrando unos ojos sinceros por fuera, pero convulsivos por dentro. La realidad me puso muy agresivo. Sin ningún reparo me enfrentaba a esta gente, incluso les mandaba a la mierda en mi idioma. No creas que se inmutaban lo más minimo. Por lo menos allí estabamos, enfrente de una de las siete maravillas del mundo, la segunda en este viaje. Con mucho valor cruzamos la calle que te dejaba en la puerta sur. Una agresión constante a la intimidad. Estaban dispuestos a venderte hasta sus sentimientos. Y lo peor estaba por llegar. La entrada para los nativos no llegaba a los 30 centimos de Euro. Los “ricos” teníamos que pagar 13, una diferencia abusiva. Un gobierno que ha luchado durante la historia en contra de lo musulmán utiliza su gran mausoleo del imperio mongol para hacer negocio. Ya con la entrada te impedían meter el móvil y lo que es peor, el MP3. Debe ser que Alá, el creador, estaba en contra de la cultura. Por la cámara de video exigían dinero extra y solo se podía utilizar desde una terraza lejana. ¡Viva el Tach Machal! Qué de facilidades que te ponen para disfrutarlo. Aún así agachamos la cabeza como la mayoria, que no todos. Por lo menos a la entrada me quedé tranquilo recriminado el negocio con un “This is shit!, Ala no business”.

Una vez dentro cambió el chip, entre otras cosas por ver esa maravilla enfrente. Contra más la observabas mas perfeca parecía y contra más te acercabas más admirabas su magnitud. Pretendía dar una sensación, que conseguía, de estar flotando por encima de sus cimientos. El riachuelo llegaba hasta los pies de la mezquita en la imagen más conocida, la geometría perfecta con sus cuatro torres, el blanco del marmol impoluto. Como siempre pasa en estos casos primero las fotos y luego disfrutar. ¿No debería ser al revés?

En la fachada destacaba el arco principal y los tallados con piedra negra ensalzando los símbolos del Corán. Dentro, alrededor de la tumba del arquitecto y su mujer, por la cual saco todo su potencial, estaba todo tallado en miniatura. La separaban bloques de mármol enteros, tallados sin llegar a comprender como no se rompían. Alli incrustadas las miles de pequeñas flores de loto hechas con rubíes y piedras negras, las cuales al iluminarse ensalzaban hasta su semilla.

Tras ver el templo paseamos por fuera, a orillas del río y dando vueltas por sus cuatro lados exactamente iguales. Solamente observarla te dejaba una sensación de paz interior, de simplicidad.

Me permito criticar sus torres. Éstas aunque en las esquinas perfectas, me recordaban mas a las de un faro que a un complemento de esta embergadura. A su vez algún que otro pasillo interior quedaba pobre sin ningún tipo de adorno, con simple escayola y en claro contraste con el derroche anterior. Aunque impresionante, la maravilla que menos me ha gustado hasta la fecha. ¿Se quedaría sin dinero el imperio mongol?

¿Ves esa nube encima de esos dos picos?

Unai March 25th, 2009

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Kathmandu:

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Recuerdo una tienda de bicis en Gros, un barrio de Donostia. Alli nos regalaban pegatinas con su nombre: Kathmandu. Aunque la bici era un hierro, poniendola en el cuadro le daba un toque aventurero extra. A mí me gustaba la de las letras moradas que con mi cuadro color metal le iba que ni pitado. Despues de un día de bici con los amigos jugándonos la vida en los descensos, a poder ser lloviendo, llegabas a casa pensando en haber hecho una excursión fuera de lo normal. Donde estaría esa ciudad? Debía ser la capital, allá por los Himalayas con el Everest reinando. ¡Pues sí, así es! Allí llegamos tras un día, como no, anclados por una huelga, esta vez de los estudiantes.


Mucha polución, mucho tráfico y un caos enorme. La primera tarde paseamos por su casco antiguo que acababa en la plaza Durba, en homenaje a un Dios hinduista. La ciudad está enclavada en medio del valle que lleva su nombre. Ahora reunificado, allí fue donde creció el país, con diferentes reinos queriendo tomar el poder del mismo y construyendo plazas cada cual más espectacular para demostrar su poder. La herencia ha dejado más de una ciudad con templos preciosos girando alrededor de su plaza, llamada Durba.

En lo viejo se veía la mezcla cultural que existe en el país. Edificios de madera tallados, templos hinduistas y pagodas budistas. Todo ello a oscuras, ya que por problemas de suministro cortan la luz varias veces al día. Tras la puesta de sol se vuelve muy divertido, sálvese quien pueda, intente imaginarse los vehículos y esquívelos si le es posible. En la plaza Durba el ambiente era genial con los jovenes charlando a lo alto de los templos.

Mañana empezaba el día con sorpresa, un gran regalo que el Aita me hizo. A las 8 teníamos los billetes. Aunque su aspecto era más de un mercado de frutas y verduras, estábamos en el aeropuerto nacional. Había un ambiente muy jatorra (sano) con muchos mendizales (montañeros) esperando a comenzar sus expediciones. Alli debían estar Edurne Pasabán y Juanto Oiarzabal entre otros dispuestos a coronar el Kanchenchunga, en el intento de ésta por convertirse en la primera mujer en coronar los 14 ocho miles del planeta.

Una azafata, haciedo de altavoz, gritó “205 please, mountain flight”. Éste era el nuestro. Allí que fuimos. Un avión de hélices con cabina abierta, una azafata vestida con el traje típico y siete filas nada más con un asiento a cada lado. La inestabilidad del cacharro nos hizo darnos cuenta de que ya estábamos en el aire. El paisaje cambió radical, del ladrillo de la ciudad a los montes del Himalaya. El primer ocho mil estaba ante nuestros ojos, el Shisha Pangma (8.043). El espectáculo había comenzado. Una línea de montes inmensos y muy juntos con algunas nubes por debajo. En plena emoción la azafata nos llevó a la cabina, el piloto decía: “¿ves esa nube encima de esos dos picos? Pues el de la izquierda es el Everest (8.848), el otro el Lotshe (8.516), la pirámide mas a la derecha el Makalu (8.463), todo ocho miles”. Allí estaba, era él. ¡Qué pasada! La panorámica era de foto idílica pero ante nuestros propios ojos. El sentimiento era de una sintonía infinita con el Universo, personificado en la cumbre del mundo acompañado de sus hermanos “pequeños”. Era una isla mágica, un paisaje único, la mejor de las playas, el oceano que no existe, era sin lugar a dudas la foto más bonita que jamás había visto. Cada vez que recuerdo esos instantes se me ponen los pelos de punta y me entra un cosquilleo de grandeza en mi interior.

Al rato volvíamos a la “realidad”, al cemento. La avioneta y nosostros intactos. Los siguientes días los pasamos visitando los principales templos y pagodas de los alrededores, el valle con sus caminos entre nativos, caserios y campos de cultivo y la ciudad peatonal más bonita del país: Bhaktapur. Fueron las últimas horas antes de volver a volar, esta vez a Delhi. En el camino asomaba tímidamente entre las nubes la cordillera de los Annapurnas. !Vaya empacho de montes!

Parque Nacional de Chitwan

Unai March 20th, 2009

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Viajabamos en son de paz. Antes nos metimos el ultimo set breakfast con huevos fritos, tostadas, cafecito y un buen cancarro de batido de pomelo viendo la parte mas tranquila del lago. Con chofer dejamos Pokhara. La calidad del viaje aumentaba por momentos. Tenia miedo! Jaja. Podria volver a la “incomodidad”? Era una de las carreteras principales del pais. Doble sentido con chabolas a los lados que mostraban la realidad del pais fuera de la burbuja que forman Pokhara y Kathmandu debido a los ingresos que deja el turismo. Abajo en el acantilado el rio turquesa amenazaba con mojarte cada vez que un camion realizaba un adelantamiento ciego con toda la tranquilidad del mundo obligando a cerrar las ventanillas por el polvo que levantaba. Asi es viajar en el pais, muy peligroso.

Chitwan es un parque nacional donde la unica amenaza son los tigres reales de Bengala, el rinoceronte unicornio indio, los cocodrilos y los elefantes salvajes. Salvo ese pequeño detalle el relax es ab-so-lu-to! Pasamos mas tiempo en una especie de espigon natural que en el bungalow, ambos pegados al rio, afluente del Ganjes y con agua de la tierra. A las 7 de la manana el Aita ya estaba controlando el caudal con la selva enfrente.

La primera manana fue bastante aventurera. A primera hora y con dos guias comezamos rio abajo en un tronco muy inestable a ras de agua. Los rapidos nos los ponian muy arriba ya que aunque dormidos por ahí habia cocodrilos. Uno de los guias de pie, con gorra de las FARC y catalejos era un friki de las aves. Las veia a la legua. Algunas eran migratorias y venian desde Siberia, exactamente igual que yo y tenian como objetivo Australia. Me suena de algo… Su pasion era tan grande que nos contagio. Habia pavos reales en las orillas, tucanes, aguilas, etc. Los más bonitos eran los Kingfishers de colores. Unos azules y naranjas y otros y blancos y negros a rallas. De vez en cuando cruzaban grupos de nativos, ya que ese dia del ano el gobierno les autorizaba a cortar hierbas de la jungla con las que construirian sus casas.

Tras la bajada en barca habia que adentarse a pie en la selva. Fue lo más emocionante. Alli ibamos, los guias con palos delante y detrás y nosotros en medio y silenciosos con los nervios de saber que estabamos rodeados de animales salvajes. A la altura del primer riachuelo el friki nos ordeno parar. Ya en la orilla nos hizo senas de acercarnos. Que tension! Un cocodrilo a no más de dos metros. No nos lo podiamos creer. Silencio absoluto. En un visto y no visto, cuando se percato de nuestra presencia se lanzo al agua dando un latigazo con su cola. Enfrente otro totalmente estatico con la boca blanca abierta para controlar la temperatura. Siguiendo vimos unas huellas de rinocerontes, elefantes del gobierno con unos colmillos inmensos, macacos, pezunas de tigres en los troncos para marcar territorio, etc. Tambien habia un surco que según el guia lo habia trazado un tigre llevando a un ciervo como presa.

Llegando al final se avecinaba peligro. Esta vez el otro guia se agacho y casi de cunclillas se adentro hasta que con el brazo hizo la senal. Alli habia dos rinos, a escasos metros. Solo con eso la inmersion habia merecido la pena.

De vuelta al txoko, a medio dia llegaba el momento del bano de los elefantes. Podias pasarte horas disfrutando del show. Sus cuidaddores controlaban las moles de 15 toneladas con un par de gritos. Ante la gran ocasión decidimos banarnos con ellos. A lomos del elefefante nos poniamos de pie hasta que decidia tiranos previa ducha con la trompa. Fue muy divertido. El elefante sumergido era como una ballena. Asi pasamos tres dias, creando incluso una complicidad con ellos.

Uno de los elefantes nos vino a recoger hasta el hotel y con el cuidador nos volvio a llevar a la selva. Asi podiamos adentrarnos hacia la jungla humeda con muchos mas animales salvajes. En el trayecto esquivando los arboles a cuatro metros de altura vimos otra familia de rinocerontes y ciervos con preciosas motas blancas y cuernos entrelazados.

A las tardes paseabamos por el pueblo y encontrabamos momentos de lectura. El alquimista, de Paulo Coelho me ayudo a confirmar mi viaje. Si, ya se! Lo tenia que haber leido hace 15 anos. Pero bueno, nunca es tarde si se trata de buscar el tesoro.


En otras dimensiones II

Unai March 18th, 2009

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Por fin amanecio. La agonia nocturna habia pasado. Los rayos de luz nos hacian olvidar los dos bajo cero de la habitacion. El tiempo estaba muy claro, el sol revivia los picos, pero aun asi no habia marcha atrás. La nieve habia cubierto el camino, las avalanchas eran un serio peligro y las bordas del campamento base habian perdido los tejados con el temporal de la noche anterior.

La decepcion era tremenda. No quedaba otra, agachar la cabeza y aceptar la derrota. No teniamos margen y habia que plaificar una nueva ruta. Volveriamos por otra circular con un 3.210 como objetivo, desde donde aunque de algo mas lejos se veia la cordillera del Annapurna. Volviamos a subir y bajar cruzando valles en 9 horas que se hicieron duras. La noche a menos de 2.000 metros parecio tropical. Nuestrto cuerpo volvia a ese gran placer de calor. Asi disfrutamos del desayuno probando un pan tipico del Himalaya llamado Gurung bread, una especie de rosquilla aceitosa con mermelada.

Mas nos valia. La primera hora fue constante subida en un valle cerrado sin vistas hasta que volvimos al paraiso. Una campa en altura, con el rio plateado abajo, el Annapurna South de vuelta a nuestros ojos y los buitres sobrevolando con sus alas extendidas de metro y medio a nuestra altura. Unas fotos preciosas con la primera luz. A partir de alli volvio a cambiar el paisaje. Puro bosque y campas mas abiertas con caserios y mucho ganado. En Tadapani nos dimos un pequenos lujo americamo para recuperar azucar y seguimos bajo los arboles con raizes llenas de musgo. Ya más cerca quedaba la última subiba antes de llegar a Ghorapani, la “capital” de la region. Lamentablemente la niebla impedia las vistas. En un paisaje lunar destacaban las banderas tibetanas que iban desde las pagodas hasta los arboles, algun aguila imponente y la condensacion de rododendros, la flor nacional del pais con sus 7 colores diferentes.

En Ghorapani llego una ducha caliente. Lo mejor de estos dias. Ardiendo y con tiempo para disfrutar. Mi ego me invitaba a seguir en el ahora, mi alma a dejar agua para los demas. Una buena cena con vela cerquita de la calefaccion. Lo mejor parecia estar a las puertas.

A las 4 de la manana y tirando de frontal subimos hacia la cima. La bruma se iba evadiendo y los rayos de sol iban despertando a las cumbres. El Aita con los 3.210 metros de altura superaba a los pirineos. El paisaje era suficentemente impresionante. El sol empezaba a salir y enfrente veiamos todos los montes que habiamos contemplado todos estos dias. A la izquierda, en el valle opuesto, flotaba algo blanco en el aire. Era el Dhaulagiri (8.167), el primero de los 14 ocho miles que Nepal regalaria a nuestros ojos. El descenso escuchando La Vela Puerca fue un suidon. Una mesa afuera, a pleno sol y con los siete miles enfrente fue el ultimo regalo que se nos concedio. Era la terraza perfecta. La primera decepcion habia pasado!

Cuentos de la India

Unai March 16th, 2009

Te voy a contar una historieta hindú, para que tú, que todavía tienes fácil el dejarte influenciar por almas profundas, te metas de nuevo un poquito en el papel…cuenta que hace mucho tiempo, los humanos éramos dioses. Gozábamos de todos los privilegios de nuestra posición divina, como la inmortalidad y el poder, la belleza eterna. Pero, como podrás imaginar, abusamos tanto de nuestro poder y causamos tanto caos que Brahma, el gran Dios, decidió quitarnos esa cualidad divina. Fué así que se encontró con la disyuntiva de dónde esconderla para que no pudiéramos encontrarla. Decidió reunir a los otros grandes dioses y consultarlo con ellos. Algunos sugirieron el fondo del mar, otros las montañas más altas (Annapurna?), otros en el centro de la tierra, pero Brahma descartó todas estas opciones, alegando que los humanos, tarde o temprano, la encontrarían. Entonces decidió que el mejor lugar era dentro de nosotros, en lo más profundo de nuestra alma; seguro que nunca buscaríamos allí.

En otras dimensiones

Unai March 13th, 2009

en-otras-dimeniones

Más fotos en:

http://www.flickr.com/photos/29501188@N08/sets/72157617992401477/

Volvia a los montes, esta vez en Nepal, el techo del mundo. Tras pasar la odisea del autobus, el campamento base del Annapurna, uno de los 14 ocho miles del mundo, no podia suponer un mayor problema. En Pokhara realizamos los preparativos a la vez que disfrutamos de su lago entre montanas. En la temporada de mejor tiempo su agua dibuja la cordillera de los Annapurnas con el permiso del sol. Nosotros nos tuvimos que conoformar con ver desde la Pagoda de la Paz Mundial, encima del lago, alguna mole blanca muy por encima de las nubes. Exactamente alli era donde nos acercariamos en un trekking de ocho dias, directos al nucleo.

A las 11 se fueron los nervios. Ya con la mochila al hombro empezabamos a caminar. En un ambiente muy agricola sellamos en el check point. Terrazas de arrozales comenzando el cultivo, ninos de uniforme volviendo del cole, nativos con sus cestas a la espalda y los caminos trazados con piedras. Hasta aproximadamente 2.5000 metros habia muchas aldeas en los diferentes valles por donde pasabamos. Sobre todo al principio el contacto con las diferentes tribus fue muy intenso. Por los caminos charlabamos con estos sobre sus modos de vida y la de kilometros que tenian que hacer cada vez que abandonaban sus casas para hacer cualquier encargo.

Tilak, nuestro guia, marcaba el ritmo. Con vaqueros, un chubasquero North Face y unas converse que iban dejando estrellitas en el camino, parecia mas que iba a coger el autobus que a 4.000 metros de altura.

La primera noche toco en Ghandruk, un pueblo con tribus gurung donde Tilak se sentia como en casa. A 2.100 metros de altura las “ciudades” tenian de todo. Nada mas despertarme queria abrir la puerta y ver que se escondia detrás de esas nubes. Buuuaaaaa! A la izquierda el Annapurna South (7.219), enfrente el Hiunchuli (6.441) y al otro lado del valle el Machhapuchhare (6.993), conocido como cola de pez por su forma piramidal perfecta y unos de los mas caracteristicos del pais. Todos ellos en unas dimensiones nunca antes vistas. Las fotos dan fe de todo ello.

Esos montes marcarian los dias. La travesia transcurria por un valle con rio azul turquesa que cada vez nos iba acercando más a esos montes. La dureza se hacia notar. Caminabamos en continuos desniveles subiendo cientos de metros y volviendolos a bajar para ir avanzando en el valle. Ese dia era sagrado, a la noche era luna llena y según la tradicion hindu habia que pintar todo la cara de los amigos. Coincidia tambien con el cumpleanos del guia que no sabia el dia y su referencia era esa luna. Que gran dia para nacer.

A la tarde antes del ultimo ascenso, paramos en un pueblo precioso. Lleno de porteadores con kilos y kilos a las espaldas, ropa, piedras, tubos, gallinas, etc. alrededor de verdes plantaciones y casas de piedra y hierba preciosas. En una esquina, en un pajar, comparti tiempo con una mujer encantadora que cuidaba a sus cabras. Alli no habia pasado el tiempo. En el hotel despues recabamos las primeras informaciones de los montaneros que ya de vuelta habian culminado. Las condiciones no eran las mejores, habia mucha nieve y gran peligro de avalanchas. Habia que esperar. La incertidumbre nos obligaba a disfrutar de la luna mientras leiamos, escribiamos y recapitulabamos el dia.

La mananan siguiente amanecio como nuca. A partir de ahí cambiariamos los poblados por los refugios de montana. El encanto de las cocinas antiguas y las zonas comunes hacian muy agradables las horas muertas. Tambien habria que bajar el ritmo y respetar un posible mal de altura. Ya estabamos adentrados en zona de piedras. Para el mediodia estabamos en el destino. De alli una etapa mas y el objetivo estaria cumplido. Habiamos llegado en camiseta y en unos minutos el factor clima nos jugo una mala pasada. La niebla nos cubrio y la nieve no tardo en hacer acto de presencia. Hacia meses que no veia llover y la nieve amenazaba seriamente hacia el campamento base. La tarde fue un infierno. En las habitaciones estabamos a bajo cero y fuera los arboles ya habian cogido calor. No habia forma de calentarnos aun con tres mantas cada uno. A la cena el Aita revivio y cogio un poco de calor con una estufa de queroseno y una sopita caliente.

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